La
historia de la villa de Muros comienza hace ya mucho tiempo, posiblemente
alrededor del siglo X, cuando el rey D. Sancho IV mandó repoblar
este lugar que comprendía desde O Ézaro hasta el actual
Ponte Nafonso a través de un foro, y su primer nombre conocido
es el de Puebla de Muro. El primer documento generado por esta decisión
del rey y que prueba su existencia como villa pertenece al año
1286, aunque es posible que este lugar ya estuviese habitado en
siglos anteriores, como lo demuestran los importantes restos prehistóricos
diseminados por todo el municipio (gran cantidad de castros, restos
de calzadas romanas y numerosas estaciones de arte rupestre, entre
los que destacan por su singular belleza y calidad de factura los
petroglifos de Louro y Serres). Otro documento que prueba la dependencia
que va a tener la villa de la Mitra Compostelana en estos primeros
tiempos es el privilegio de cesión que se hizo de la misma
en el año 1298 respondiendo a una donación del rey
Fernando IV, en virtud del cual Muros deja de ser Villa Realenga
para pasar a depender de la Iglesia de Compostela. Será en
este momento cuando desaparezcan de su escudo el castillo y el león,
símbolos de los reyes de Castilla, para figurar en él
dos vieiras que representan a la Iglesia Compostelana.
El primer emplazamiento parece
ser que se correspondía con la parte sur del actual. Pasado
el tiempo esta pequeña villa fue ganando en importancia y
por tal motivo en el año 1520 fue circundada por una muralla
de entre tres y cuatro metros de grosor que alcanzaba los siete
metros de altura, y que dividía a la población en
dos barrios perfectamente delimitados: el de la Cerca y el de la
Xesta.

La puerta principal que daba
acceso al recinto del pueblo era la Porta da Vila, que se localizaba
en las proximidades de la actual Casa Consistorial, y estaba flanqueada
por dos poderosas torres defensivas. Otras dos puertas y dieciocho
torres almenadas que superaban los once metros de altura completaban
el amurallamiento defensivo de la villa, que terminó de desaparecer
no hace muchos años al igual que las fortificaciones que
velaban por la seguridad de sus habitantes: el Castillo, construido
por el marqués de Cerralbo a finales del siglo XVI en las
inmediaciones de la actual lonja, y que contaba en el siglo XVIII
con la presencia de doce cañones; la Torre Vieja, emplazada
en el barrio del Carmen; y el Fuerte de Monte Louro, que fuera construido
en el año 1520 por orden del arzobispo D. Alonso III de Fonseca
para defender la ensenada de Louro de los ataques de piratas e invasores,
y que estaba considerado como el punto defensivo más importante
de Muros, llegando a contar en algún tiempo con dieciséis
cañones.

La historia de la villa que
estuvo gobernada por el Concejo que se reunía en el atrio
de la actual iglesia parroquial de San Pedro, está animada
con la sucesión de hechos importantes que marcaron tanto
su fisonomía, de hondas huellas medievales, como el carácter
de sus gentes. Así un acontecimiento de gran importancia
historica tuvo lugar en el año 1544, cuando la Armada Española,
al mando del almirante D. Álvaro de Bazán, derrotó
a la escuadra francesa en la batalla de Muros. Tiempo después,
concretamente en el mes de marzo del año 1809, los habitantes
de Muros no pudieron evitar que el pueblo fuera destruido por las
tropas napoleónicas en tan sólo doce horas, dentro
de los sucesos acaecidos durante la Guerra de la Independencia.
En esta lucha la villa quedó arrasada y además de
las pérdidas humanas y materiales (190 casas fueron totalmente
destruidas) se contabiliza la desaparición del Archivo Municipal,
que fue presa de las llamas, con lo cual se perdió la mayoría
de la documentación histórica.
Su puerto, de gran tradición,
cuna de marineros ilustres, es ya desde el siglo XV considerado
como uno de los mejores de Galicia e incluso es así denominado
por el rey de Castilla Juan II, que además lo habilitó
para exportar e importar.
La historia de Muros no se
puede desligar pues de la importancia comercial de su puerto y del
mar y esta combinación cobra más importancia aún
si cabe con la llegada del siglo XIX. A este momento se circunscribe
la presencia en la villa de empresarios catalanes que se instalan
en Muros para inaugurar, tanto en el núcleo como en las parroquias
que dan al mar, toda una serie de fábricas de salazón
(más de treinta de sardina y arenque fundamentalmente) que
marcaron tanto la vida laboral de este pueblo como su fisonomía,
pues la tipología característica de estas factorías
junto a los muchos astilleros que funcionaron también aquí
contribuyeron a acentuar el aspecto pintoresco y evocador de esta
población marinera.
La importancia histórica
de Muros es pues incuestionable y prueba de ello la tenemos en las
múltiples ocasiones en que fue visitada por monarcas de la
Corona de Castilla. La última visita real estuvo a cargo
de la reina madre María Cristina, del rey Alfonso XII y de
sus hermanas que estuvieron en la villa a principios de siglo, llegando
en una flota compuesta por numerosos barcos que durante unos días
atracaron en el muelle de la villa. Los monarcas y su séquito
recorrieron las calles y plazas de Muros y estuvieron de acuerdo
en afirmar la belleza de esta localidad y la importancia de su pasado
histórico. |