Muros
es una villa señorial que hechiza a todo aquel que la visita,
pues su hermoso y cuidado casco histórico y el pintoresquismo
de sus parroquias embargan al paseante, tanto por su estructura
como por
las interesantes construcciones artísticas y populares que
adornan sus calles y plazas de una forma plenamente armónica.
Prueba de su reputación como una de las villas más
hermosas de Galicia la 'tenemos en que fue declarada Conjunto Histórico-Artístico
(Decreto del 29 de mayo de 1970). En su texto es definida como «Villa
marinera que conserva sus valores ambientales, típicos y
pintorescos, al lado de la severa grandeza monumental de góticos
palacios y templos como el de la antigua Colegiata y el Santuario
de la Virgen del Camino». Esta designación está
avalada por su original estructura urbana plagada de calles estrechas
y serpenteantes en las que destacan sus acogedores soportales, y
por la gran cantidad de monumentos de interés arquitectónico
y arqueológico que posee esta localidad marinera.
El paseo por la misma se
puede iniciar desde diferentes puntos. Si comenzamos por la parte
norte nos encontraremos con la apacible Praza do Concello también
denominada Curro da Praza, por haberse celebrado aquí a principios
de siglo multitudinarias corridas de toros, y con otras muchas calles
que salen perpendiculares al Paseo de la Marina. De aquí
y atravesando la antedicha plaza se puede subir hasta la calle Real
que conecta con la también conocida calle Axesta, conformando
las dos la principal arteria interior del pueblo. Entre estas dos
vías y el Paseo de la Marina se sitúan dos de las
plazas más singulares de la villa: la placita de Santa Rosa
o plaza del Cristo,
antiguamente denominada plaza de la Leña, donde es protagonista
del espacio un hermoso crucero artísticamente labrado del
año 1789, y la Plaza de la Pescadería Vieja, en la
actualidad convertida en un espacio de ocio donde se pueden tomar
vinos y tapas en los múltiples bodegones y tabernas que se
disponen en la misma, ocupando los soportales de las viejas casas
aquí emplazadas. En esta plaza llama la atención la
presencia de una original fuente de cantería que reproduce
la silueta de un reptil alado, y que fue construida en el año
1929 por el mejor cantero de la villa, D. Francisco Iglesias. Otra
plaza de singular encanto que se encuentra casi a medio camino entre
la calle Real y la calle Axesta es la Plaza del Mercado, antiguamente
conocida como Plaza Mayor, que está presidida por un monumental
edificio de cantería y doble escalinata dedicado a este fin.
Además de la agradable
sensación que reporta el recorrido de estas plazas, el paseo
por el interior del pueblo esconde toda una serie de sorpresas como
puede ser la visión de tres de las fuentes más antiguas
y atractivas de Muros: la Fuente de la Axesta (en el tramo final
de la calle de este nombre), la Fuente Vieja (en uno de los límites
de la calle Real) y la Fuente del Carmen (en el antiguo barrio del
Carmen), y de restos estructurales medievales entre los que destaca
el Arco de Don Diego. Esta arquería, que se puede contemplar
desde la parte interior y desde la parte que da al mar, es una muestra
de la exquisitez medieval que en otro tiempo caracterizó
a Muros, y su denominación remite a los conocidos obispos
medievales que fueron naturales de este lugar. 
El recorrido de estas calles
y plazas que conforman el casco histórico de Muros permitirá
también gozar con la presencia de los restos de la antigua
muralla y de típicas construcciones marineras dedicadas a
vivienda. Estas están compuestas por un bajo asoportalado
en arco apuntado o de medio punto (que en ocasiones queda por debajo
del nivel de las calles), donde antiguamente se situaban las pilas
para salar el pescado, y uno o dos pisos donde resalta la presencia
de consistentes balcones corridos con barandillas de hierro forjado,
soportados por grandes canzorros de cantería. En el bajo
de las edificaciones de este tipo que se localizan en primer término
frente al mar, y que están equilibradamente engarzadas, antiguamente
era frecuente ver como los hombres arreglaban los aparejos de pesca
que aquí se disponían mientras que las mujeres salaban
y lavaban el pescado. En la actualidad estos bajos hacen la función
de paseo cubierto. Todos estos edificios se combinan a lo largo
de las calles de este pueblo con otras edificaciones más
actuales donde el movimiento modernista dejó sus huellas,
y con casas antiguas a las que se incorporaron galerías acristaladas,
siguiendo la moda imperante de finales del siglo XIX. Pero unas
y otras no se pueden desligar del carácter marinero de la
villa y de la importancia que antiguamente tuvo su amplio y abrigado
puerto. Impregnado del olor marinero a brea y sal es uno de los
lugares que no debe dejar de ser visitado, pues a su alrededor se
organizó y sigue organizándose la vida de este municipio.
Fue declarado puerto de refugio por ley en el mes de mayo de 1880
por su posición abrigada al amparo de los montes Costiña
y Rebordiño, y en la actualidad se configura como uno de
los lugares más pintorescos del pueblo y verdadero centro
de su actividad, estando especialmente animado al final de la jornada
diaria cuando llegan los barcos del mar y se procede a la descarga
del pescado. Junto al puerto, que cuenta con un buen calado, comparten
este espacio dos muelles, un pantalán donde se amarran los
yates que aquí atracan, y una excelente y hermosísima
dársena donde se resguardan las embarcaciones menores.
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